Heráclito me conduce por el camino de la cambiante realidad, que gusta de fluctuar y esconderse. Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.

“Lo único constante, es el cambio” – Heráclito

En la poderosa imagen del río fluyente todo ha cambiado, entre un baño y otro ha cambiado el río y he cambiado yo. En mis largas caminatas percibo a menudo el legado de Heráclito: El constante cambio de mi “yo”. El sol es nuevo cada día, los caminos también, la naturaleza cambiante, mi yo físico, mi yo espiritual. Todo fluye en el camino, nada permanece.

 

“El carácter de un hombre es su destino”

Y mi destino hoy era subir el Teide, 3.718m, había pernoctado en el Refugio de Altavista, el alojamiento más alto de España, a 3.260m. a las 5:30h empecé a caminar hacia un horizonte desconocido, ascendía en mis conocimientos, y a medida que avanzaba veía el cosmos como el fuego -metafórico- siempre ardiente, de aireadas y cambiantes llamaradas. Ese cambio incesante era para Heráclito el fundamento de la realidad toda.

Llego a la cumbre y diviso el círculo, en el círculo se confunde el principio y el fin. Extasiado ante tan maravillosa naturaleza, el conocimiento alcanzado me hace libre y me da un lugar en el mundo. Descendiendo observo la salud del volcán y me viene a la mente unas de las primeras citas célebres ecologista:

“La salud humana es un reflejo de la salud de la Tierra” – Heráclito

Aún a bastante altura, la percepción que tengo prioriza el sentido de la vista, los demás sentidos parecen olvidados. “Los ojos son testigos más que los oídos”, apuntaba Heráclito. Y, a través de la mirada, ante el horizonte infinito, en una línea bien trazada, mi alma enaltece.

“El alma se tiñe del color de sus pensamientos” – Heráclito

Heráclito siempre explica con aforismos, es decir, de manera corta y precisa. sin embargo, su pensamiento ha logrado permanecer a lo largo de la historia, más de 2.500 años. A mí siempre me ha fascinado la visión cósmica de las cosas.