Epicteto es quien me abre el camino de la razón correcta y libre de distorsión. La fuerza de la razón. De Epicteto aprendo que el valor y la voluntad forman parte esencial de mi naturaleza. Lo que me afecta no son las cosas, sino lo que pienso de ellas.

“Tu felicidad depende de otras cosas, todas las cosas están en tu poder: tu voluntad, tus ideas sobre los eventos en los que te involucres y el uso que haces con tus ideas” – Epicteto

Todo lo que sucede a mi alrededor está fuera de mi control, debo aceptar con calma y serenidad lo que sucede en mi contorno. Sin embargo, soy responsable de mis propias decisiones, de mis propias acciones, que puedo reflexionar mediante unas disciplina rigurosa y un buen control emocional.

Epicteto me abre el comino de poder decidir, sabiendo que todo juega a mi favor de un modo u otro. Me conduce a que sea libre, para que nada me domine. Domino lo que depende de mí y lo que no… lo dejo ir. Dejarlo ir y alejarlo con una sonrisa condescendiente. Si sólo deseo lo que depende de mí, tendré controlada la situación. Lo único que depende realmente de mí es el albedrío, es decir, mis decisiones íntimas, mis interpretaciones, deseos y juicios, que nadie más podría realizar sino yo mismo. Que la voluntad sea la única que tenga mando sobre mí, este es mi deseo.

“No pretendas que las cosas sean como deseas, deséalas como son” – Epicteto

La doctrina de Epicteto se centra en la ética como la mejor manera de vivir el camino; alcanzando la paz interior. Filósofo del ahora, él me ilustra a no preocuparme ni por el pasado ni por el futuro, sino a vivir siempre el presente, único periodo sobre el que podemos tener algún control. Tan solo el momento presente es mío, y a él debo dedicar mi atención y esfuerzo, sin dejar que ni el pasado ni el futuro me atormenten.

“La vida es demasiado corta y tienes importantes cosas que hacer” – Epicteto